Todo está cambiando, cambiando rápido.
El mundo en el que vives no se parece en mucho al de hace 100 años.
Pero el mundo de hace 100 años se parecía mucho a como era hace cientos de años.
Según el INE ( Instituto Nacional de Estadística) cerca de 5.4 a 5.5 millones de personas viven solas en España, según datos recientes de principios de 2024 y 2025, lo que representa alrededor del 28% de los hogares españoles, con una tendencia creciente en los últimos años, que se espera siga subiendo. Vamos, que es más común que nunca vivir solo.
¿Por qué estamos decidiendo separarnos más unos de otros y vivir solos entre 4 paredes?. ¿Estamos hecho para esto?, ¿nos está haciendo bien?.
¿Adónde nos lleva esta fiebre de la soledad?.
Las causas son múltiples y complejas. El hecho fáctico es que la Soledad, cada vez más, es tu compañera fiel, no te falla. Te sale mucho a cuenta llevarte bien con ella.
En soledad, o como diría Borja Vilaseca en solitud, se da una cosa muy curiosa. Empieza a no haber escapatoria de ti misma. Sí o sí, estás más cerca que nunca de conectar contigo.
No se tú, pero a mi convivir con mi propia soledad me ha dado un miedo del carajo durante mucho tiempo. Verme quedando con gente o haciendo 1000 planes para no verme en la `dolorosa´ situación de quedarme solo conmigo mismo era el pan mío de cada semana. Aprender a convivir conmigo mismo es algo que he ido entrenando duro estos tiempos.
Y te preguntarás, pero Keyto entonces tú, ¿eres masoquista? .¿Para qué te entrenas en algo que te da miedo o no te gusta?. Amiga, porque me di cuenta de que detrás de este miedo a estar conmigo mismo había un regalo, más bien un regalazo.
Ahora, puedo decir que he transformado esta situación y tener una oportunidad para pasarla conmigo mismo en soledad es un regalo, ahora después de transitar el sostenerme solito pasándolo mal para acabar dándome cuenta de la gran diferencia. No tiene nada que ver estar solo con sentirse solo, esta diferencia es importante.
Cuando estás sola puedes sentirte tranquila, conectada, en paz, creativa… Ahora, cuando estas acompañada o sola físicamente y te sientes sola hay un problema. Está emergiendo en ti un dolor que necesita ser escuchado, detrás de ese dolor está una gran verdad. Tú, entérate bien, tú eres el mejor refugio para ti misma, aunque todavía no lo sepas.
Para mí no es ninguna tontería. Narcotizados como estamos con las redes sociales, emails a cualquier hora del día, prisas, plazos, hiper socializados fuera de nosotros mismos, hiper desconectados de nuestro interior … quedar contigo misma hace tiempo que dejo de ser costumbre, se convirtió en excepción a la norma.
Mejorar la relación contigo misma es una gran inversión, negocio rentable. No para ganar más sino para vivir mejor. Que de eso se trata, ¿no?.
Puedes empezar por cosas pequeñas como pasear sola por el parque, reservarte la tarde del sábado para ti de forma consciente leyendo un buen libro con calma o cualquier otra cosa que te conecte con el placer y te ayude a bajar la estimulación que recibes de fuera e ir más despacio. Recuerda, la clave es hacerlo lento, como el puchero de tu abuela.
Es importante que vayas creando en tu mente el espacio consciente de "relación contigo misma" igual que haces con "ir al gym", "hacer la compra" o "recoger a los niños". Recuerda, si no lo haces consciente, aunque esté, no lo ves y si no lo ves no es que no exista, sino que opera sin que te des cuenta y esto ya te digo yo que no es buen negocio.
Y esto me lleva a otro tema, mi capacidad de afrontamiento personal de mí mismo, de cómo me siento ahora. Ese super poder mundano de conectar contigo misma, donde sea. Esa respiración consciente entre un correo electrónico y el siguiente, esa pausa mirando al infinito en la oficina con una infusión caliente entre tus manos haciendo "nada". Sí, has leído bien, "haciendo nada" porque "hacer nada" se ha convertido en el acto más revolucionario que puedas hacer. Lo fácil es meterte en 30 millones de cosas y no parar. Lo difícil es parar. Practicar el "Hacer Nada" para que todo se haga a través de ti. Ser esa observadora sin juicios que vive anclada en el momento presente, aunque sea por un breve lapso de tiempo.
El tiempo de pausa que tu mente necesita para que encontrar el equilibrio.