Haciendo nada

7 de enero de 2026

Justo en este momento histórico-social el ritmo de la vida es vertiginoso.

Vamos por la vida a `carajo sacao´ como diría uno de mi pueblo. Si solo fuera un tema de velocidad no pasaría nada, si solo fuera esto incluso sería divertido correr a este ritmo.

El principal problema de esto es que vivir tan acelerado no es gratis, tiene un coste, te pasa factura.

Hay tantos factores en nuestra vida diaria que fomentan estás prisas, este acelere, que no me extraña que hayamos llegado a este punto. O, mejor dicho, a este ritmo frenético.

El otro día leyendo al filósofo surcoreano-aleman Byung Chul Han decía: `quedarse en casa es la forma más lúcida de resistencia. El silencio de tu casa es el único sitio donde todavía puedes escucharte´. Y que razón tiene y cuan difícil nos resulta quedarnos en casa haciendo nada.

Has leído bien, he dicho `hacer nada´ porque, aunque parezca una contradicción no lo es, en absoluto. Hacer nada significa que el sentido profundo de lo próximo que vas a hacer no tiene tanto que ver con el qué sino con el cómo. Hacer nada, para mí, puede ser doblar los calcetines de la colada con tranquilidad, sin prisas. Otro ejemplo sería jugar con tus hijos a algún juego que se acaben de inventar sin reloj, que la energía disponible en vuestros cuerpos sea lo que marque el inicio y el final de la partida. Otros ejemplos, que a mí me encantan, serían cocinar un plato rico que te guste con mucho tiempo para ir a tu ritmo o leer ese libro que tanto lleva esperando en tu mesita de noche, pero leerlo con unas horas libres por delante para poder saborearlo, a tu ritmo.

Decía el otro día en una entrevista el antropólogo Josep Fericgla que hace un siglo la gente no necesitaba meditar porque en su vida diaria había espacios entre una actividad y otra para parar la mente, encontrar su centro. Esto es lo que más me asusta de la época en la que vivimos. Ahora, lo revolucionario no es hacer 1000 cosas cada día, quien más o quien menos las acaba haciendo. El verdadero acto revolucionario, ahora, es parar. Ser un verdadero practicante del hacer nada.

Lo que más miedo me da es el sentimiento de culpabilidad que nos han inoculado como sociedad cuando decidimos ir más despacio, esto es lo más peligroso. Parece que si entre semana te quedas simplemente descansando en el sofá o hablando con alguna amiga estas tirando el tiempo, deberías estar produciendo, construyendo tu futuro, planificando tu proyecto personal, tu próximo viaje , actualizar tu bandeja de entrada o que se yo.

Que no te engañen, el ritmo de tu vida lo pones tú. Lo realmente difícil es llegar a la conclusión de que una cosa tan involuntaria y orgánica como vivir una vida a un ritmo sano ,que hace 100 años era lo normal, hoy es algo más parecido a una conquista. La conquista de tu propio tempo, te lo han arrebatado o por lo menos lo están intentando.

Una persona que vive un ritmo de vida tan frenético es mucho más manipulable y consumista que otra que tenga un ritmo más tranquilo. Y este tipo de personas estresadas, de ritmo frenético, a la industria le encanta, son sus mejores clientes. Comprarán cualquier cosa para llenar el vacío que les produce vivir a este ritmo tan loco.

Me gusta hacerme la siguiente pregunta: ¿Porque me vuelve menos consumista ir más despacio en mi vida?. Después de pasar tiempo meditando concluyo que la clave esta en la capacidad reflexiva que te da parar o por lo menos desacelerar. Así, no necesitas tantas cosas, lo verdaderamente importante ya lo tienes, lo disfrutas. Es haber conectado contigo misma.

He estado practicando meditación budista los últimos 9 años y te puedo garantizar que las miradas más apacibles y felices que he visto en mi vida las encontré en los monjes budistas. ¿En qué son tan buenos estos tipos?, ¿qué hacen para transmitirme tanta paz con su mirada? . Ellos se especializan en darle un sentido más profundo a su vida y como consecuencia, después de realizar múltiples renuncias mundanas de forma voluntaria, saben y practican un modo de vida sencillo ( que no simple)  al que yo llamaría hiper reflexivo y lento. Los veo andar y en algunos casos ya solo eso me ha producido calma. Básicamente, porque los monjes budistas ( los de la tradición tibetana que yo conozco) hace tiempo que dejaron de ir a `carajo sacao´, son expertos en saborear cada instante de sus vidas como si fuera el último. Porque para poder llegar a este nivel dios disfruton de la vida no hay trucos, no hay atajos. Es cuestión de práctica, aceptar la transpiración de entrenar cada día este estilo de vida.

Me gustaría terminar diciéndote que no necesitas hacerte monja budista para conseguir llevar un ritmo de vida más sano. Hay todo un punto medio de tranquilidad esperándote para que lo puedas vivir.

Recuerda, la belleza es el reflejo de la verdad y cuanto más consciente eres del momento presente más te acercas a las dos, tocas la belleza más verdadera.